denominación que se utilizaba para la máscara que portaban los actores de teatro en la antigüedad. Sin embargo, ya en ese entonces se hablaba en un sentido amplio y figurado de «personas» para referirse a los roles, es decir a como quién o representando a quién actuaba un determinado actor teatral tras su máscara.
El concepto paulatinamente se transfirió a otras esferas de la
sociedad, más allá del teatro, pero en una primera época, «personas»
eran solamente los ciudadanos, jurídicamente provistos de derechos (en
contraste con los esclavos que no eran considerados personas, puesto que
no podían decidir sobre su propio actuar, ni menos aún deliberar sobre
el de los demás). El concepto estaba inicialmente muy restringido a
aquellos ciudadanos poderosos, que gozaban de honra, prestigio y, en
respeto a su dignidad, eran los únicos poseedores de derechos
ciudadanos. En el transcurso de los siglos, el concepto de «persona» se
fue transformando gradualmente en uno más general (en igual medida de la
generalización de los derechos ciudadanos) hasta llegar utilizarse en
el sentido coloquial actual, es decir, prácticamente como sinónimo de
«ser humano». En el contexto de este desarrollo conceptual, la aparición
del adjetivo «personal» facilitó el desarrollo del sustantivo
«personalidad», utilizado para designar la totalidad de características
«personales» que interactúan dinámicamente entre sí para producir aquél
estilo relativamente estable de desenvolverse individual y socialmente
que un individuo posee.
No hay comentarios:
Publicar un comentario